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Que es la Bioenergética

     Cabría titular este artículo “cómo liberar las tensiones y recuperar las fuerzas vitales” o, quizá,  “utiliza el cuerpo para liberar la mente”  pero todo llevaría a engaño pues si de algo partimos es dejando claro que para la bioenergética hay una identidad funcional entre cuerpo y mente.  Estamos tan acostumbrados a tratar nuestro cuerpo como si fuese una herramienta, una máquina a la que simplemente se le da de comer y beber para que siga funcionando que no nos percatamos de algo muy simple: nos expresamos a través y con el cuerpo, no hay otra manera; dicho de otra forma, todo cuanto nos ocurre lo sentimos en el cuerpo. Para la Bioenergética, la vida de un individuo es la vida de su cuerpo.

    Como profesionales de este ámbito –psicoterapeutas en el ámbito de la estructura corporal-, nos daremos cuenta de la importancia e implicación de nuestro trabajo a medida que el concepto del cuerpo que se tiene, sea sustituido por la conciencia del cuerpo que se es.   

  Hemos de percatarnos que  al tocar la estructura corporal, por ejemplo un músculo, no tocamos sólo algo físico; la estructura corporal es la persona y, como tal, tocamos (=trabajamos) un “todo” cuerpo-mente: tocamos también una emoción, una experiencia.  La persona, nuestro paciente si queremos llamarlo así, es la suma total de todas sus experiencias vitales y cada una de éstas está registrada no sólo en su  psique sino también en su estructura corporal.  La vida de la persona se lee en su cuerpo 

   Este cuerpo, sujeto  inmediato de nuestra terapia, nos dará las claves para entender el carácter de la persona. Hablar de carácter es hablar, en términos generales, de la conducta de la persona. Este carácter se va a estructurar  en dos niveles: uno mental y otro corporal. Normalmente se suele entender como carácter esa faceta de ideas, creencias, actitudes que conforman el actuar de una determinada persona. Pero para nosotros conlleva un aspecto más: el corporal. Toda la estructura mental está sustentada sobre una estructura corporal.  Podemos decirlo de otra manera: el carácter está estructurado en el cuerpo. ¿Cómo? Fundamentalmente en forma de tensiones musculares crónicas, generalmente inconscientes que van a bloquear o limitar los impulsos hacia fuera.

   La fuente de energía básica que utiliza el cuerpo es la respiración; el metabolismo básico del individuo se determina por la cantidad de oxígeno que aspira.  Nos habremos percatado a menudo que la tendencia común de los pacientes es retener la respiración, fundamentalmente reprimir la exhalación; esto, para la terapia bioenergética está relacionado con las tensiones musculares crónicas y el control de las emociones.

   Los problemas emocionales no resueltos del individuo se han estructurado en su cuerpo, fundamentalmente en forma de tensiones musculares crónicas. Dichas tensiones musculares crónicas  perturban, si queremos expresarlo así, la salud emocional al disminuir la energía del individuo. La tensión muscular  crónica, por un lado, va a restringir la motilidad y, por otro, va a limitar su autoexpresión.

   Creo que somos muy conscientes en nuestra profesión de que todo músculo contraído está bloqueando algún movimiento. Nosotros damos un paso más y añadimos que también está bloqueando una emoción. Desde ahí resulta muy necesaria aliviar dichas tensiones para recuperar la motilidad y la autoexpresión.

    La persona se expresa a través, o en ausencia, del movimiento. La acción muscular es parte esencial en nuestra interrelación con el entorno;  mediante esta acción manipulamos y conformamos nuestro medio, nos relacionamos con y reaccionamos ante los demás. Es a través del movimiento que expresamos nuestros sentimientos.  La palabra “emoción” viene del latín “e” (hacia fuera) y “movere”(mover) : mover hacia fuera. Un sentimiento, por ejemplo tristeza, se convierte en acto, se manifiesta desde una sensaciones internas y se desarrollan con naturalidad en contracciones de la musculatura respiratoria y expresiones faciales. Pero si de niños y bajo determinadas circunstancias el impulso fue suprimido por miedo al castigo (verbal o físico; por ejemplo, castigar a un niño  por moverse, siendo innato en su naturaleza hacerlo),  por enseñanzas (“los chicos no lloran”),etc., y teniendo en cuenta que estas momentos no son aislados sino repetitivos, ocurre a la larga que, no pudiendo renunciar a lo que es intrínseco en nuestra naturaleza, acabamos negando y cortando los movimientos implicados en su expresión.

    Cuando la inhibición de algún sentimiento se mantiene indefinidamente ocurre que, por un lado,  al sentir el impulso, éste queda bloqueado al instante,  retirando la energía de la musculatura, pero ésta al estar ya en acción pero imposibilitada en su expresión  se queda en un estado de contracción crónica o espasticidad y, por otro, hay en general una disminución del metabolismo energético del organismo. Las tensiones musculares crónicas impiden la respiración natural plena

    Creo que desde nuestra posición privilegiada de profesionales que observamos continuamente el cuerpo de nuestros pacientes comprobamos, por ejemplo, como la mayoría de las personas tienden a tener patrones respiratorios perturbados, a causa de tensiones musculares crónicas que delimitan y distorsionan su respiración. Estas tensiones son el resultado de conflictos emocionales que se han desarrollado en el curso de su maduración.

   Nos estamos colocando continuamente en ese contexto psicoafectivo, como causa primaria que ha ido provocando una adaptación paulatina de la estructura corporal a lo largo del tiempo hasta el día de hoy.

    Ser conscientes de nuestras tensiones musculares crónicas a la par que intentar disolverlos, analizar los conflictos reprimidos a la par que intentar sacarlos a flote y descargarlos es nuestro camino terapéutico. Y nuestra meta es recuperar un cuerpo cada vez  más vital, capaz de experimentar plenamente.

    Como vemos, estamos hablando continuamente de una identidad funcional entre cuerpo y mente, de tal manera que:

       -el proceso psicológico que se está expresando (creencias, conflictos, ideas...) está explícitamente conectado a sus expresiones corporales.

       -el proceso físico (ya de contención muscular, ya de perturbaciones somáticas) es visto como expresión significativa de la personalidad

     Cabe señalar también que  el análisis bioenergético va a ir estableciendo, a partir de esta valoración psico-física, una determinada tipología: una caracterología. Hemos dicho  brevemente y de una manera quizá esquemática, lo que es el carácter. Para la bioenergética, éste surge como una defensa que ha puesto el individuo  contra la ansiedad provocada por situaciones específicas, concretamente en la niñez. En su desarrollo la persona, el niño, fue obstaculizado; erigió unas determinadas defensas típicas y las puso tanto a nivel corporal como psíquico.

     Las diversas estructuras de carácter se clasifican en bioenergética en cinco tipos fundamentales: el carácter esquizoide, el carácter oral, el carácter psicopático, el carácter masoquista y el carácter rígido. Cada una de ellas conlleva una estructura psíquica y física así como una etiología e historicidad determinadas.

    La bioenergética, aún siendo una psicoterapia, comienza su trabajo en el plano corporal. Son pocas las personas que tienen conciencia de cómo la dinámica de la energía del cuerpo condiciona  el comportamiento y los sentimientos. Como terapia integrativa u holística (terapia en la que participa tanto el cuerpo como la mente) tiene como primer objetivo ayudar al paciente a sentir las tensiones en el cuerpo y a comprender las conexiones entre ellas y su problema psicológico. Por ello en su metodología, junto al trabajo analítico psicoterapéutico, se incluyen manipulaciones ((masajes, presiones,..) y ejercicios.

Con los ejercicios vamos consiguiendo concretamente:

  -aumentar el estado vibratorio del cuerpo

  -una respiración más profunda

  -un grado de satisfacción corporal mayor

  -agudizar la percepción de uno mismo

  -ampliar la expresividad

  -aumentar los sentimientos sexuales

    Vamos consiguiendo un grado mayor de conciencia. Cuanto más estamos en contacto con nosotros mismo (con nuestro cuerpo) más sabremos quienes somos y más disfrutaremos de la vida

 

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